
Inicio /Extensión, desarrollo y turismo rural / TURISMO RURAL: UNA ACTIVIDAD ECONOMICA PARA TENER EN CUENTA Parte 2
Parte 2: Que conviene saber sobre la actividad [1].
El impacto ocasionado por el COVID-19 en el sector turístico es significativo debido a que se basa en el movimiento de personas, quienes además verán resentido su poder adquisitivo para el esparcimiento, lo que podría llevar a que sea de los últimos en reactivarse. El turismo rural podría ser uno de los primeros en dinamizarse dadas sus características de no masivo, con atención personalizada de los propietarios del establecimiento, en lugares de proximidad y en contacto con la naturaleza; esto requerirá de compromiso social y clara comunicación sobre cómo se aplicarán las medidas preventivas para proteger la salud de las partes involucradas.
La actividad turística con modalidad de baja escala en una etapa de post pandemia podría aportar para reactivar la economía y generar fuentes de ingresos a productores, familiares y jóvenes emprendedores que buscan quedarse en su lugar de residencia con más oportunidades. Esto implica saber que para desarrollar un emprendimiento de turismo rural conviene previamente consultar e informarse sobre aspectos que pueden condicionar el resultado de una experiencia ya encaminada que se frenó por la crisis económica provocada por la pandemia, evitando malgastar tiempo, recursos financieros y ser presa del desaliento.
Ing. Agr. Guillermo J. Trímboli
Ex integrante de la DNA de Transferencia y Extensión, INTA
[1] Con aportes de Guastavino, Marina, Coordinadora Red Turismo Rural, DNA INTA, 2020.
Parte 2: Que conviene saber sobre la actividad [1].
El impacto ocasionado por el COVID-19 en el sector turístico es significativo debido a que se basa en el movimiento de personas, quienes además verán resentido su poder adquisitivo para el esparcimiento, lo que podría llevar a que sea de los últimos en reactivarse. El turismo rural podría ser uno de los primeros en dinamizarse dadas sus características de no masivo, con atención personalizada de los propietarios del establecimiento, en lugares de proximidad y en contacto con la naturaleza; esto requerirá de compromiso social y clara comunicación sobre cómo se aplicarán las medidas preventivas para proteger la salud de las partes involucradas.
La actividad turística con modalidad de baja escala en una etapa de post pandemia podría aportar para reactivar la economía y generar fuentes de ingresos a productores, familiares y jóvenes emprendedores que buscan quedarse en su lugar de residencia con más oportunidades. Esto implica saber que para desarrollar un emprendimiento de turismo rural conviene previamente consultar e informarse sobre aspectos que pueden condicionar el resultado de una experiencia ya encaminada que se frenó por la crisis económica provocada por la pandemia, evitando malgastar tiempo, recursos financieros y ser presa del desaliento.
Ing. Agr. Guillermo J. Trímboli
Ex integrante de la DNA de Transferencia y Extensión, INTA
[1] Con aportes de Guastavino, Marina, Coordinadora Red Turismo Rural, DNA INTA, 2020.
Parte 2: Que conviene saber sobre la actividad [1].
El impacto ocasionado por el COVID-19 en el sector turístico es significativo debido a que se basa en el movimiento de personas, quienes además verán resentido su poder adquisitivo para el esparcimiento, lo que podría llevar a que sea de los últimos en reactivarse. El turismo rural podría ser uno de los primeros en dinamizarse dadas sus características de no masivo, con atención personalizada de los propietarios del establecimiento, en lugares de proximidad y en contacto con la naturaleza; esto requerirá de compromiso social y clara comunicación sobre cómo se aplicarán las medidas preventivas para proteger la salud de las partes involucradas.
La actividad turística con modalidad de baja escala en una etapa de post pandemia podría aportar para reactivar la economía y generar fuentes de ingresos a productores, familiares y jóvenes emprendedores que buscan quedarse en su lugar de residencia con más oportunidades. Esto implica saber que para desarrollar un emprendimiento de turismo rural conviene previamente consultar e informarse sobre aspectos que pueden condicionar el resultado de una experiencia ya encaminada que se frenó por la crisis económica provocada por la pandemia, evitando malgastar tiempo, recursos financieros y ser presa del desaliento. Entre los aspectos importantes se pueden señalar los siguientes:
Toma de crédito e inversiones en infraestructura.
Tanto entre quienes ya se iniciaron en la actividad como para quienes prevén hacerlo, generalmente se piensa que es necesario invertir en infraestructura para recibir a los turistas; esto refiere a ampliaciones de la casa, levantar nuevas dependencias, adquirir nuevo mobiliario y equipamiento. Sin embargo, la experiencia enseña que primero conviene transitar al menos dos o tres años “tomándole la mano” a esta actividad para ir analizando la frecuencia de recepción de turistas y las demandas que estos plantean, sea cual fuere el tipo de servicio a prestar (alojamiento, esparcimiento, comida, venta de productos de elaboración casera). No es aconsejable endeudarse al comienzo ni embarcarse en obras o compras acerca de las cuales se desconoce su utilidad a futuro, con excepción de las que fijen los correspondientes protocolos para la etapa post pandemia.
Normativas que reglamentan la actividad [2].
A nivel nacional: Están en vigencia leyes nacionales relacionadas con la actividad turística general que conviene conocer, tales como: Ley Nacional de Turismo 25.997 (2005) con puntos de vinculación al hospedaje rural; Ley de Turismo Accesible 25.643 (2002) referida a los requisitos para facilitar accesibilidad a personas con discapacidad permanente o temporaria; Ley de Agentes de Viaje 18.829 (1.970, Decreto Reglamentario 2182/72) orienta sobre la comercialización a través de agencias de Viajes.
A nivel provincial: También hay leyes provinciales que regulan la actividad turística rural, tales como en Neuquén (Ley 2.173/96); La Pampa (Ley 1.984); Mendoza (Ley 6.420); Corrientes (Ley 5.565); Chubut (Resolución 138/02); Tucumán (Ley 7.105); Córdoba (Resolución 214/06).
Algunas provincias tienen normativas que regulan modalidades de turismo rural: La Rioja (Ley 5.494, Promoción del Desarrollo Turístico); Río Negro (Ley 3.883, Turismo Activo); Misiones (Ley 3.736, Emprendimientos Turísticos Alternativos); Catamarca (Ley 5.007, Turismo Ecológico); Entre Ríos (Decreto 4.200, Turismo Aventura); Jujuy (Ley 5.372, Emprendimientos Turísticos Alternativos).
A nivel municipal: Si bien hay municipalidades que aún no han intervenido respecto a las actividades vinculadas al turismo rural, es importante, acercarse al ente municipal de turismo una vez normatizadas las mismas, para informarse sobre las habilitaciones correspondientes. Esto, permitirá facilitar el acercamiento a canales formales de comercialización y asesorarse sobre la contratación de un seguro según los servicios a prestar al turista. Seguramente también se podrá acceder a recomendaciones para la etapa post pandemia. Es fundamental el acompañamiento técnico y gubernamental en este aspecto para orientar el emprendimiento según las normas vigentes. Es esencial estar informados y actualizados, así como ir ajustando las propuestas actuales a las nuevas demandas sanitarias y de distancia social. Se amplía sobre el particular en “Promoción comercial”.
Calidad del servicio. Existen factores que sirven de base y determinan la calidad según la Organización Mundial de Turismo (OMT): la seguridad del producto o servicio ofrecido; la higiene del alojamiento y los alimentos ofrecidos; la accesibilidad a los servicios prometidos; la transparencia en la comunicación de la oferta; la armonía con el entorno humano y natural. En el contexto sanitario actual podría agregarse el cumplimiento de las normativas sanitarias y que haya una infraestructura de salud cercana. A la salida de la pandemia, las características propias del turismo rural y las medidas de seguridad adoptadas seguramente serán lo más valorado por los turistas.
El MINTURD elaboró protocolos para el desarrollo post pandemia de diversos rubros de la actividad turística tales como: alojamientos, establecimientos gastronómicos, agencias, prestadores turísticos, guías de turismo, centros de esquí, turismo de reuniones, enoturismo, turismo rural, parques temáticos y turismo aventura[3] (https://www.argentina.gob.ar/turismoydeportes/protocolos-covid-turismo-deportes). Las pautas contenidas siguen las recomendaciones del Ministerio de Salud de la Nación. Obviamente, se recomienda consultar el anexo referido a turismo rural.
Para enmarcar la calidad existen Normas IRAM[4], que a través del Acuerdo Estratégico SECTUR-Instituto Argentino de Normalización en 2009 consideran de forma integral la prestación de servicios respecto a la gestión de la calidad, la seguridad y el manejo ambiental para alojamiento rural, servicios turísticos en áreas naturales protegidas, cabalgatas, senderismo, museos, cicloturismo, etc.
Oferta turística. Esto implica para el turismo rural atender y comprometer los siguientes puntos, según cada caso:
- La recuperación del patrimonio arquitectónico del lugar y el uso de materiales nobles y técnicas tradicionales.
- La conservación de la biodiversidad y el cuidado del paisaje rural autóctono.
- El mantenimiento de una producción orgánica para el autoconsumo.
- La elaboración artesanal de alimentos, con oferta de gastronomía tradicional.
- La sanidad ambiental de la unidad turística (manejo de aguas servidas, fuentes de energía y desechos).
- La conservación de fuentes de agua, monte, cercos vivos.
- La participación de las mujeres y jóvenes del grupo familiar en la prestación del servicio.
- La recuperación productiva de prácticas agrícolas y oficios rurales.
- La inserción de la oferta turística en las actividades productivas y de esparcimiento.
Es importante remarcar que algunos de estos puntos relacionados con la interacción personal anfitrión-turista y la oferta de alimentos, tendrán cabal importancia para la etapa post pandemia, según los protocolos que se fijen.
Promoción comercial. Para cuando la actual situación sanitaria mundial nos permita volver a la normalidad, existen canales de comercialización tradicionales, tales como agencias de viajes y turismo, representaciones hoteleras, cadenas hoteleras, redes de comercialización, vendedores freelance y canales de comercialización no tradicionales como redes de comercialización alternativas en internet (página web, blog, redes sociales, newsletters), rondas y mesas de negocios, ferias de turismo, proveedores de servicios para organizaciones de eventos, comercio electrónico. Estas vías en adelante deberán trabajar con adecuación al nuevo contexto sanitario.
Es importante reiterar que esta actividad puede desarrollarse con mejores resultados, de forma más competitiva, si los productores se agrupan para tener buenas probabilidades de contar con apoyo de los gobiernos nacional, provinciales, municipales (a través de planes, programas, proyectos asociativos) en materia de promoción comercial, además de gestión organizativa, capacitación y financiamiento para infraestructura, así como también asesoramiento para trabajar en la etapa de post pandemia.
Las experiencias exitosas en turismo rural enseñan que hay que lograr una alianza estratégica entre el Estado, los productores y la comunidad rural para enfrentar el mercado (recordar Parte 1 del presente artículo).
Esto puede facilitar conseguir seguros accesibles, organizar circuitos atractivos y fundamentalmente promover adecuadamente el producto. Es necesario orientar hacia una asociación en Redes de Turismo Rural, que brinden una calidad homogénea y certificada, diferenciados con una marca.
En relación con lo anterior se destaca que el INTA es uno de los organismos del gobierno nacional que trabaja en apoyo del turismo rural desde principio de la década del 90; es posible acercarse a alguna de sus dependencias para solicitar orientación y asesoramiento específico para armar un proyecto asociativo inserto en su Red de Turismo Rural, que permitirá complementar lo planteado en el presente artículo.
Conclusión. La tendencia creciente del turismo rural en la Argentina que transcurría antes de la pandemia del COVID19 y las perspectivas que pudieran asomar después de esta crisis sanitaria mundial para el turismo de proximidad, plantean nuevos desafíos de rediseño para quienes ya prestan el servicio y requieren de respuestas a los aspectos arriba abordados, no sin antes adoptar, una preparación previa para aprovechar mejor desde la mirada económica esta actividad y resolver adecuadamente los inconvenientes que puedan surgir. Los expertos en el tema sugieren[5] que “son tiempos para ir diseñando, ajustando, previendo, analizando y consultando a las autoridades locales sobre las estrategias que adoptarán para reactivar la actividad turística en su municipio”.
No obstante, es de interés destacar que, antes de que ingresen nuevos prestadores del servicio de turismo rural a la actividad, es más relevante conocer, reflexionar y poner en práctica, por parte de quienes ya venían trabajando, la readecuación necesaria requerida por el contexto sanitario actual.
[1] Con aportes de Guastavino, Marina, Coordinadora Red Turismo Rural, DNA INTA, 2020.
[2] Pezzoni, Mónica. Observatorio de Derecho del Turismo. Facultad de Derecho, UBA, 2020.
[3] Protocolos de Turismo y Deportes Frente al Covid-19. Recomendaciones sanitarias y pautas de atención. MINTURD, ICTA, CAT, CFT. julio 2020.
[4] Herramientas Técnicas y Conceptos Claves para el Desarrollo del Turismo Rural. Cartilla de Apoyo. Convenio PROSAP-UNSAM, 2012.
[5] Turismo rural. Recomendaciones para la futura reactivación de la actividad en el contexto post pandemia. Ministerio de Agricultura, Ganadería y Pesca (Programa Cambio Rural); INTA (Red de Turismo Rural); CAME. 2020.