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La gestión ambiental en la producción agropecuaria y agroindustrial

Una estrategia inteligente de la gestión ambiental en un país moderno requiere hoy una visión pragmática que aborde integralmente la compleja interacción que existe entre la agricultura, la agro-industria, el ambiente y los recursos naturales. El conocimiento científico y la innovación tecnológica deben ser la base de esa estrategia.

Ernesto F. Viglizzo (Ex técnico del INTA e Investigador del CONICET

 

La gestión ambiental en la producción agropecuaria y agroindustrial

Una estrategia inteligente de la gestión ambiental en un país moderno requiere hoy una visión pragmática que aborde integralmente la compleja interacción que existe entre la agricultura, la agro-industria, el ambiente y los recursos naturales. El conocimiento científico y la innovación tecnológica deben ser la base de esa estrategia.

Ernesto F. Viglizzo (Ex técnico del INTA e Investigador del CONICET

 

Existe globalmente una necesidad perentoria de mejorar la gobernabilidad del planeta. Esta visión se materializa en acciones conducentes a que los países mejoren sus sistemas internos de gestión del ambiente y los recursos naturales, y una forma de hacerlo es bajo la forma de premios y penalizaciones comerciales. Esta visión procura vincular el ambiente con la economía bajo una base científica seria que respete al mismo tiempo principios éticos altamente valorados. Si bien la aceptación de los sistemas de control de calidad ambiental en productos y procesos productivos es “voluntaria” para los países; aquellos que no adhieran al sistema ó lo dificultan, seguramente quedarán expuestos a barreras comerciales que dificulten su acceso a los mercados.

En este contexto, es necesario plantear un enfoque inteligente de la gestión ambiental mediante un abordaje pragmático de la compleja interacción que existe entre la agricultura, el ambiente y los recursos naturales.

En Latinoamérica, los cinco ejes dominantes de transformación del sector agropecuario y agroindustrial con impacto ambiental son los siguientes: 1) expansión de la frontera agrícola y ganadera; 2) intensificación de la producción ganadera; 3) deforestación y degradación de bosques nativos y pastizales naturales, 4) la desertificación de ambientes frágiles, 5) la contaminación en la agricultura, la ganadería y varios eslabones críticos en cadenas agroindustriales.

Por otro lado, hoy es un valor aceptado que la base de una saludable gestión ambiental radica en la preservación y valorización de las funciones ecológicas y servicios ecosistémicos esenciales que ofrecen los bosques, pastizales, humedales, lagos y lagunas, ríos y arroyos, franjas ribereñas, etc. Estos biomas actúan como filtros naturales que estabilizan el entorno ambiental y ecológico. Cuando esos servicios vitales para sostener la calidad de vida como son la producción de alimentos y materias primas, la regulación de clima, los gases y el agua, la preservación de disturbios o el control de erosión del suelo son destruidos, hay que reemplazarlos artificialmente a muy alto costo.

Distintos tipos de servicios ecosistémicos se ofrecen a diferentes escalas geográficas, desde una muy pequeña como el potrero hasta otras mucho más grandes como los agro-ecosistemas o las cuencas. Por lo tanto, cualquier planteo estratégico en gestión ambiental debe estar basado en una política de ordenamiento territorial con fuerte arraigo en el conocimiento científico. En ese marco, los problemas proyectados a distintas escalas geográficas definen tanto prioridades de investigación como desarrollo. A grandes escalas geográficas se deben aplicar tecnologías de alcance territorial; más específicamente aquellas referidas al ordenamiento del espacio rural que utilizan modelos, sistemas de información geográfica, imágenes remotas, etc. A escalas más pequeñas se

deben aplicar tecnologías dirigidas a resolver problemas de contaminación, erosión de suelos, manejo del agua, etc.

En síntesis, desde un punto de vista práctico, la ciencia y la tecnología de la gestión ambiental apuntan a mejorar la calidad del entorno en empresas rurales, cadenas agroindustriales y ecosistemas productivos.

Los avances en el conocimiento de la gestión ambiental de empresas rurales y regiones productivas se pueden demostrar y materializar a través de la eco-certificación de productos y procesos a distintas escalas geográficas, o sea, certificando productos a escala de predios rurales, y generando denominaciones de origen y eco-marcas a escalas geográficas más amplias.

Una estrategia inteligente en materia de gestión ambiental debe tener por objetivo general convertir las amenazas ambientales que emergen de los sectores rural y forestal, en oportunidades sociales, económicas y comerciales. Pero también debe plantearse objetivos más específicos, tales como: (a) armonizar la oferta de productos agropecuarios con la provisión de servicios ecosistémicos; (b) generar instrumentos técnicos para la evaluación, manejo y certificación ambiental de procesos productivos en predios rurales, áreas ecológicas y cadenas agroindustriales y (c) generar instrumentos técnicos de análisis y gestión para el ordenamiento ambiental del espacio rural.

En materia de gestión ambiental, las oportunidades económicas, ecológicas y ambientales, se despliegan genéricamente dentro de un modelo tri-dimensional que incorpora los ejes de la intensificación productiva (uso de la tierra + uso de insumos), las cadenas agro-industriales (eslabones esenciales), y la escala de abordaje de esos problemas (espacial y temporal). Dentro de ese espacio tri-dimensional, se pueden gestar las líneas de alta prioridad estratégica en materia de gestión ambiental (ver Figura anexa).

modelo tri-dimensional

Como muestra la Figura, la gestión ambiental puede ser concebida como una problemática de cajas blancas (áreas en las que existe abundante información y conocimiento), cajas grises (áreas en las que existe información y conocimiento en desarrollo), y cajas negras (áreas donde la información y el conocimiento sobre los problemas son escasos o nulos). En general, es saludable partir del supuesto que las llamadas cajas blancas coinciden con procesos que ocurren a escalas geográficas y temporales reducidas, y con eslabones de la cadena agro-industrial cercanos a la producción primaria. El salto hacia escalas mayores (por ejemplo, grandes áreas de territorio o períodos muy prolongados de tiempo) o hacia eslabones distantes (por ejemplo., venta minorista o distribución en la góndola de un supermercado), en la práctica implica que el acceso a la información científica y al conocimiento se debilitan.

En términos prácticos, el abordaje propuesto no debe realizarse en función de recursos naturales a administrar, sino en función de problemas agro-ecológicos y agro-ambientales a resolver. Las escalas de intervención pueden incluir al predio, al ecosistema o cuenca, al país como unidad de decisión política y a un área de integración regional como bloque sub-continental. La complejidad multi-dimensional que plantea este modelo debe ser articulada con el cambio de los paradigmas globales mencionados más arriba. De esta manera, surgen naturalmente tres interfaces o áreas de interacción (territorio-escala, insumo-escala, y cadena-escala) que permiten desagregar e instrumentar distintas líneas de acción estratégica.