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La sequía de la campaña 2017/18, atribuida al cambio climático, el efecto Niña e inestabilidad atmosférica, es calificada como la peor registrada en los últimos 50 años al alterar tanto los niveles productivos como los ingresos de la mayoría de las zonas productoras agropecuarias del país, aunque incidió con mayor fuerza en la zona núcleo de la región pampeana húmeda.
Un fenómeno como el ocurrido, si bien afecta directamente a los productores agropecuarios, incide también en forma directa o indirecta sobre las actividades y los ingresos de otros sectores, resintiendo significativamente a nivel macroeconómico el crecimiento esperado de la actividad económica del país y disminuyendo sus niveles de exportación, fuente esencial para la obtención de divisas.
Frente a esta situación, que es necesario analizar cuidadosamente dado que es probable que estos fenómenos puedan repetirse en el futuro, se hace necesario revisar y quizás replantear tanto los esquemas productivos como la labor profesional, mediante el aporte de los nuevos conocimientos y avances tecnológicos, con el propósito de eliminar o por lo menos atenuar sus efectos perjudiciales
Preparado por Ing. Agr. (MSc) José B. Pizarro (Mayo del 2018)
La sequía que en esta campaña 2017/18 afectó a los principales cultivos y pasturas del país es considerada por los especialistas como la peor registrada en los últimos 50 años, resintiendo sensiblemente los niveles productivos y los ingresos de la mayoría de sus zonas productoras, en especial los de la región pampeana húmeda.
Organismos oficiales y entidades privadas, venían señalando que tanto el maíz como la soja sembrada en el país se desarrollaban bajo condición hídrica de sequía, predominando en ambos cultivos los índices de mala condición de cosecha. Dichos indicadores eran comparativamente peores en los casos de siembra de maíz tardío en relación a maíz temprano y de soja de 2da., respecto a soja de primera. Además y de acuerdo a esos índices promedios, la situación se presentaba como más grave, para la zona núcleo de la región pampeana (Zona VI Norte) y (Zona VII Sur), donde tradicionalmente se registran los rindes productivos promedios más altos del país (1). La situación de escasas precipitaciones, con meses críticos en febrero y marzo, se vio agravada en gran parte de la zona núcleo por temperaturas más altas de lo normal (5) La negativa influencia de esta sequía también afecta otras actividades agroalimentarias como la ganadería y la lechería, entre otras causas por la reducción en la disponibilidad de pasturas y forrajes, lo que sin duda resentirá su eficiencia productiva y probablemente derive en una reducción del peso de faena en vacunos.
El Ministerio de Agroindustrias señaló (18/04/2018), que se espera una disminución de 9,5 millones de toneladas en la producción de maíz, o sea una caída del 18 % al pasar la producción final de cosecha de las 51,5 millones de tonelada estimadas inicialmente a las 42 millones de toneladas hasta ahora. En soja la disminución esperada sería de 15,4 millones de toneladas, es decir un 29 % menos de lo esperado al pasar de los 53 millones de toneladas iniciales a los 37,6 que ahora se estiman (3).
La valoración de las pérdidas señaladas precedentemente, considerando las cotizaciones promedio del mes de abril del 2018 de la Cámara Arbitral para el Mercado de Rosario (maíz 181 U$S/ton y soja 305 U$S/ton), permiten estimar un valor de 6.415 millones de dólares. Si para el mismo mes, los cálculos se efectúan tomando como referencia el valor FOB Puertos Argentinos (maíz 190 U$S/ton y soja 422 U$S/ton), dichas pérdidas ascenderían a 8.304 millones de dólares (2). En relación al PBI, establecido por el Fondo Monetario Internacional en U$S 639.000.000.000, las pérdidas porcentuales representarían en el primer caso el 1% y en el segundo el 1,28 % de dicho PBI. Ello sin duda, afectara las expectativas de crecimiento económico del país, incidiendo además negativamente en sus niveles de exportación, fuente esencial para la obtención de divisas.
No hay dudas que las consecuencias de esta sequía, si bien la pagamos todos, estemos o no relacionados con la actividad agropecuaria y agroindustrial, perjudicara con más fuerza a los productores, especialmente aquellos que al resentirse la posibilidad de recuperación de su capital de trabajo con esta cosecha afectada por la seca, como comúnmente la denominan, no se encuentran en condiciones financieras óptimas para enfrentar la próxima, casi seguros con mayores costos por el mayor valor de los insumos. Otros actores de la cadena perjudicados sin duda serán los proveedores y comercializadores de insumos que verán resentir sus ventas, los que arriendan campo que probablemente deberán disminuir el nivel de los alquileres de tierras para la próxima cosecha, los transportistas que verán resentido su labor por el menor volumen de producto comercializado, la industria de la maquinaria agrícola por las menores ventas de sus productos, los petroleros y estaciones de servicio por la menor venta de gas oil, etc..
De esa forma observamos como los efectos de la sequía resultan ser por un lado perjudiciales para el país al mermar por esta campaña sus ingresos, especialmente por la caída del volumen de sus exportaciones, que no siempre son compensadas por un mayor valor unitario de los productos; aunque es probable que pueda remediarse parcialmente con las reservas de la cosecha pasada o totalmente mediante mejores o normales recolecciones en las próximas campañas. Frente a ese panorama macro, a nivel de empresa agropecuaria, la disminución de rendimientos o el efecto de las pérdidas parciales o totales registradas en los volúmenes esperados, puede resultar traumática y decisoria para la continuidad del productor al frente de su establecimiento.
La influencia del cambio climático que aumenta la inestabilidad atmosférica puesta de manifiesto en las inundaciones y sequias que venimos soportando, demanda mayores estudios y atención a los fenómenos climáticos, con el fin de disponer de información que nos permita realizar los ajustes más adecuados para prever y sobrellevar estos cambios. La sequía de esta campaña ha sido factible, dado a que a la influencia del efecto Niña, se adiciono el accionar de los bloqueos atmosféricos regionales del Pacifico y del Atlántico que inhibieron la presencia de precipitaciones. Esta situación, de acuerdo a la opinión de especialistas y pronosticadores es probable pueda repetirse en el futuro con bloqueos atmosféricos regionales que pueden ser húmedos o secos, acentuando o debilitando los efectos Niño o Niña, pero cuyas consecuencias incidirán en las nuevas implantaciones de cultivos y pasturas (3). Ante esa posibilidad, cabe plantearse que enseñanzas nos deja esta situación y que desafíos nos plantea que nos permita contrarrestar o por lo menos mitigar sus desastrosos efectos
Como recomendación a los productores, sin dejar de lado el empleo de las buenas prácticas agrícolas que llevan a cabo, es necesario enfatizar en la necesidad de apoyar la diversificación productiva antes que la monocultura. Lo ideal sería adoptar la tradicional rotación cultivos-pasturas o en su defecto en establecimientos chicos establecer una rotación agrícola combinada de gramíneas-leguminosas, como por ejemplo trigo-soja de 2da, maíz. De esa forma además de cuidar el recurso suelo y su disponibilidad de agua, es muy probable que se puedan minimizar en el mediano y largo plazo los riesgos económicos, si bien en el corto plazo pueden reducirse los ingresos. Otra recomendación seria incorporar equipos para el riego suplementario, como ya lo hacen los semilleros y algunos productores de mayor tamaño, para optimizar los sistemas de secano asegurando productividad y producción. Su adopción posibilitaría achicar las brechas de rendimiento entre los rindes potenciales y los logrados, al mismo tiempo que minimizaría los riesgos ocasionados por la falta de agua. En lo referente a disminución de riesgos sería aconsejable, si bien es necesario revisar y adaptar la cobertura al agro frente al nuevo panorama, contratar seguros de cosecha, lo que si bien para el productor es un costo adicional, representa otra alternativa tendiente a atenuar pérdidas.
En lo que respecta a la generación de conocimientos, con ayuda de la genética y la biotecnología, se hace necesario acentuar la búsqueda y el logro de cultivares y pasturas resistentes a sequía y que demanden menor cantidad de agua en su desarrollo. En este aspecto cabe considerar los avances que se0 registran en la mayor disponibilidad de material genético en semilla de soja y trigo con resistencia a sequía y también a salinidad en la acción conjunta público privada del CONICET, en la Universidad Nacional del Litoral y la empresa Bioceres. Esta acción conjunta público-privada se trata de desarrollar en materiales de alfalfa, también con resistencia a sequía. También resulta esencial acentuar y ampliar los estudios climatológicos y del medio ambiente, aprovechando la disponibilidad de los nanosatélites, a lo que se adiciona la generación e intercambio de experiencias en relación al aprovechamiento de los nuevos conocimientos y tecnologías. Cabe destacar el aporte del INTA en la confección de un índice de sequía, que basado en información satelital permite estimar la evapotranspiración real de los cultivos y cuantificar su estado hídrico. Conviene intensificar los avances orientados a acoplar la información metereológica al monitoreo de los cultivos. Conjuntamente con el aporte electrónico estimular la confección de sensores y/o sistemas para el desarrollo de alertas tempranas de emergencias climáticas (inundaciones, sequias, granizo, vientos, etc.) Toda la información disponible así como la que pueda lograrse va a resultar esencial para que nuestros productores puedan seleccionar la variedad que dentro de un determinado cultivo, mejor se ajuste a cada situación y estén en condiciones de planificar sus esquemas productivos y actividades con mayor grado de certeza y menores riesgos.
La sequía de la campaña 2017/18, nos ha afectado y dado un duro golpe, haciéndonos recordar que el trabajo del sector agropecuario siempre se cumplimenta en un escenario a cielo abierto, dinámico y cambiante que nos va planteando interrogantes y problemáticas, que es de responsabilidad de todos los profesionales, técnicos y productores vinculados con el agro, tratar de resolver. Como en tantas otras ocasiones, debemos asimilar la experiencia, trabajar lo más que se pueda en generar respuestas y prepararnos para que en las próximas campañas, de repetirse situaciones o fenómenos como las registradas en esta, podamos estar en condiciones de disponer de más información y mejores recomendaciones o herramientas que nos permita prever, anular o por lo menos atenuar sus efectos perjudiciales.
Bibliografía Consultada
(1) Bolsa Cereales Buenos Aires. Estado y Condiciones de Cultivos. 5 de abril 2018. Departamento de Estimaciones Agrícolas. Datos del 4 de abril 2018. Buenos Aires
(2). Bolsa de Comercio de Rosario. Precios históricos.
(3). Diello, José Luis. El clima y su impacto en la cosecha 17/18. Entrevista 18/04/2018. Bolsa de Comercio de Rosario.
(4). Ministerio de Agroindustria de la Nación. Agroindustria presentó las estimaciones de la campaña gruesa 2017/18. Conferencia de Prensa 19/04/2018, Buenos Aires
(5). Ministerio de Agroindustria. Campaña 17/18. Informe Especial de Sequía. Buenos Aires, abril 2018