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Contribución de José Augusto Weber
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EL AGRO ARGENTINO NECESITA NUEVOS PARADIGMAS.
La existencia de una evidente “brecha tecnológica” (diferencia entre el rendimiento de los cultivos y la rentabilidad logrados por los mejores productores y el universo de estos) por más de cincuenta años, fue el paradigma que alentó a las organizaciones públicas y privadas por obtener logros de innovación tecnológica, difundirlos y lograr su adopción generalizada.
No puede negarse que el “asociativismo”, tanto por razones de escala como de integración económica, contribuyó notoriamente al progreso del agro, favoreciendo un proceso virtuoso de crecimiento y empoderamiento del sector, como engranaje imprescindible del desarrollo nacional.
Este proceso, seguramente tendrá continuidad en el tiempo, dada la creatividad de los investigadores e innovadores del sistema y la innegable capacidad de adopción e innovación de los productores argentinos. Esto es, tanto de los que son propietarios de tierras, como de los que han desarrollado importantes empresas de cultivo.
Sin embargo, una mirada con prospectiva al desarrollo del sector, requerirá vencer innumerables barreras que se manifiestan “tranqueras afuera”. Para ello vale mencionar solo algunas; logística de transporte, formas contractuales, financiamiento de inversiones y de capital de trabajo, carga impositiva a la producción y eliminación a la carga sobre la renta generada por los inmuebles, escaso reconocimiento de los esfuerzos del sector por parte de la comunidad en su conjunto, escasa participación de capitales nacionales en el negocio agroexportador, etc.
Se piensa que la “punta del ovillo” para buscar soluciones a estas restricciones y “saltar fuera de la tranquera” es orientando esfuerzos al paradigma de la “innovación organizacional”, tema en el cual, el sector ha dado muestras de ser capaz de actuar en palpables ejemplos: desarrollo local, cooperativismo, integración de la producción para adquirir escala, asociativismo, redes de cooperación e integración, cooperación pública/privada, etc.
A lo largo y ancho del territorio nacional hay un sinnúmero de organizaciones públicas y privadas que contribuyen a los logros del agro, sea en materia educacional a través de escuelas agropecuarias, académica vía universidades públicas y privadas, ministerios y secretarías provinciales, así como una diversidad de importantes organizaciones no gubernamentales de productores, industrias de manufactura agropecuaria y proveedores de insumos agropecuarios.
En cada región o provincia, mediante el diálogo, se han dado algunos ejemplos virtuosos de interacción de esas organizaciones, en función de los problemas tecnológicos o estructurales, generando diagnósticos situacionales, planificando acciones conjuntas y resolviendo algunos de los objetivos consensuados.
Pueden citarse entre otros ejemplos, el del Consejo Provincial de Tecnología Agropecuaria de la Provincia de Santa Fe, que logró integrar esfuerzos de estas organizaciones públicas y privadas del sector para lograr innovaciones tecnológicas, en orden a las labranzas conservacionistas, al manejo integrado de plagas y a otras tecnologías de manejo agropecuario. Espíritu de integración que permite reconocer las fortalezas e identidad de cada organización que permanecen en la Provincia de Santa Fe, posibilitando interacciones virtuosas.
Así como la inteligencia de los seres humanos no es solo el resultado de la cantidad de neuronas del cerebro, sino fundamentalmente de la cantidad de sinapsis entre ellas, el desarrollo, en el complejo sistema agropecuario, depende no sólo de la diversidad de sus organizaciones y de su éxito individual, sino también de las interacciones entre ellas.
Visualizamos por este razonamiento prospectivo, que además de la “innovación tecnológica” el agro argentino debe avocarse a la “innovación organizacional”, diferenciando claramente los roles de las organizaciones públicas y privadas que los integran, reconociendo y respetando sus respectivas calidades y poderes de intervención, todo en orden, respondiendo a un interés común del sector y de la nación toda, que es el desarrollo de un agro sostenible y comprometido con la grandeza nacional.
Para ello es menester crear un “ámbito organizacional de encuentro e integración” (imaginamos que podría denominarse Consejo para el Desarrollo del Agro), que oriente y coordine los esfuerzos para generar diagnósticos, planes y acciones conjuntas en la búsqueda consensuada del desarrollo sostenible del agro. Es este un desafío lograble a nivel nacional por el Ministerio de Agricultura, Ganadería y Pesca de la Nación y a niveles provinciales, por las respectivas autoridades políticas del sector.
Los procesos de desarrollo pueden ocurrir por el camino de la competencia o el de la cooperación. Creemos que este último es el único posible basado en un espíritu de reconocimiento y respeto de las identidades y capacidades de cada organización pública o privada, en la creación de un clima de confianza y en la imprescindible inversión de esfuerzos que implica una tarea compartida.
Hoy en Argentina, lamentablemente, no se evidencia este espíritu de cooperación, reconocimiento y respeto entre las organizaciones gubernamentales y no gubernamentales. Predominan los prejuicios, los relatos y el nefasto aprovechamiento de los esfuerzos de muchos para la “politiquería”, con responsabilidad compartida tanto por las organizaciones gubernamentales como por las no gubernamentales.
No se puede construir en la dialéctica del enfrentamiento.