
Inicio /Artículos de opinión (reflejan sólo la posición del autor) /A medio siglo de los inicios de la siembra directa en la Argentina: evolución, situación actual y perspectivas
La siembra directa ha tenido una enorme adopción en el país, llegando a cubrir el 80% de la superficie cultivada. Se reconoce que ha aportado enormes beneficios y ha permitido el desarrollo de un modelo eficiente y sustentable de producción agropecuaria que trasciende las fronteras del país.
Sin embargo el sistema muestra algunos problemas de sustentabilidad, principalmente erosión, degradación física y química de suelos en las zonas más susceptibles y dificultades para el control de las malezas, que no se deben a la siembra directa sino al incompleto paquete tecnológico, en especial la falta de rotaciones de cultivos, la insuficiente reposición de nutrientes y el inadecuado control de malezas.
Las causas provienen de las condiciones económicas adversas (precios e impuestos) que impiden laaplicación del paquete tecnológico en forma integral. Lograda la mejora de esas condiciones, la siembra directa será la base para volver a un modelo sustentable que contribuya a alcanzar las metas productivas. En su apoyo, será conveniente implementar un programa de evaluación y demostración de las mejores alternativas tecnológicas que incluyan BPA, que brinde información técnica y económica para sustentar la adopción y que sirva de apoyo a actividades de capacitación y difusión.
Ing Agr Carlos Senigagliesi csenigagliesi@gmail.com
A mediados de la década del sesenta se instalaron en la EEA INTA de Pergamino las primeras parcelas con maíz sin laboreo del suelo que pueden considerarse como el antecedente primario de esta tecnología en el país.
Formaban parte de un ensayo de sistemas y profundidades de labranza y sirvieron para demostrar que la remoción del suelo no era indispensable para implantar el cultivo y lograr buenos rendimientos y que el efecto del laboreo se relacionaba principalmente con el control de las malezas. En la década del setenta se iniciaron estudios sistemáticos en la EEA INTA de Marcos Juarez para evaluar los efectos de la práctica sobre el suelo y los cultivos y adecuarla para su utilización en los sistemas de producción, investigaciones que se continuaron en otras unidades de esta institución y que tuvo el acompañamiento de un grupo pionero de productores, profesionales y empresas de maquinaria agrícola y agroquímicos, que contribuyeron al desarrollo del sistema.
Es un ejemplo de una tecnología surgida de la acción compartida de investigadores, técnicos, productores y de la industria vinculada a la agricultura.
En los primeros tiempos la difusión fue muy lenta y la adopción fue escaza; la falta de maquinaria adecuada, principalmente de sembradoras y de herbicidas para el control de las malezas así como su costo eran las principales dificultades, además de la actitud de técnicos y productores que descreían del sistema. En el transcurso de la década del ochenta recibe mayor apoyo institucional; el INTA la incluye entre las prácticas en el Proyecto de Agricultura Conservacionista PAC, que entre otras acciones implementó un programa con 100 productores demostradores mediante un crédito a tasa preferencial del Banco de la Nación Argentina para lacompra de maquinarias que contribuyó a su difusión. A fines de esa década se crea la Asociación Argentina de Productores en Siembra Directa, AAPRESID, que le dio un extraordinario impulso con distintas acciones quecontinúan hasta estos días, con objetivos aún más amplios que su difusión.
A partir de los inicios de los años noventa en que se contabilizaban unas 100 mil has en siembra directa se produjo un incremento notable, tendencia que se potenció con la aparición de cultivares resistentes al herbicida glifosato, primero de soja y después en maíz que facilitaron y abarataron el control de malezas, para llegar a la actualidad a más de 28 millones de has, cerca del 80% de la superficie cultivada en el país.
Gracias a la adopción masiva de la siembra directa se ha producido una notable reducción de la erosión hídrica y eólica en las áreas más susceptibles, fenómeno que se había agravado con la intensificación de la agricultura con labranza convencional. También ha contribuido con la mejora en los rendimientos y la estabilidad de los mismos, principalmente por un mejor uso del agua y ha posibilitado expandir la agricultura a zonas con suelos de menor aptitud. Todo ello, junto a la reducción de costos por menor requerimiento de maquinarias, combustible y mano de obra, ha mejorado la rentabilidad para los productores y para el sector ensu conjunto.
A su vez, ha permitido el desarrollo de un modelo de producción agrícola eficiente y sustentable apoyado por la industria que provee maquinaria altamente especializada para siembra, fertilización, pulverización, cosecha y almacenamiento, componentes para la agricultura de precisión, genética e insumos para la nutrición y protección de los cultivos. Este desarrollo trasciende las fronteras generando posibilidades crecientes de exportación de la tecnología.
Sin embargo, este virtuoso sistema de producción en siembra directa muestra algunos problemas de sustentabilidad, principalmente erosión en las zonas más susceptibles, degradación física y química de suelos y dificultades para el control de las malezas. Las causas de estos problemas no son debidas a la siembra
directa, sino al paquete tecnológico que se utiliza y que no responde a los requerimientos para que el sistema funcione adecuadamente. Por otra parte, la no adopción del paquete tecnológico adecuado es consecuencia de la falta de rentabilidad de su aplicación por las condiciones económicas de los últimos tiempos y algunos problemas estructurales como el alto costo de los arrendamientos.
La causa principal es la falta de una adecuada rotación; la superficie con soja se ha ido incrementando mientras que las de otros cultivos como trigo, cebada, maíz, girasol y sorgo se han mantenido o han disminuido consecuencia de los costos, los precios y los impuestos que no los hicieron rentables. El único cultivo que pudo realizarse, especialmente en campos arrendados es la soja que cubre más del 60% del área sembrada total, por lo que la monocultura de la oleaginosa es lo que predomina en diversas áreas. En esta situación, transcurren siete meses en que los suelos quedan sin cultivo y prácticamente sin cobertura, porque el rastrojo que aporta es muy inferior a la cantidad requerida (alrededor del 50% menor) y su persistencia reducida por la baja relación C:N que facilita su descomposición. Se pierde entonces gran parte de los beneficios de la siembra directa en la economía del agua y en la conservación y mejora del suelo.
La condición indispensable para la siembra directa es que se debe mantener cubierto el suelo con residuos (rastrojo) especialmente en el barbecho y en los estados iniciales del desarrollo de los cultivos. Es la cobertura la que facilita la infiltración del agua y evita las pérdidas por evaporación y escurrimiento evitando el arrastre del suelo (erosión hídrica) y frena la velocidad del viento que ocasiona la erosión eólica. La continua deposición de residuos a través de los rastrojos es la que aporta carbono para mantener e incrementar el stock de materia orgánica y mejorar las propiedades de los suelos, requiriéndose alrededor de 10 tn de rastrojos por año (4 tn de carbono). Esto se logra con una rotación en la que se incluyan gramíneas y se intensifiquen los sistemas de producción (doble cultivos, cultivos de cobertura).
El otro déficit en el manejo que contribuye con la degradación del suelo es la insuficiente reposición de nutrientes, que en promedio es apenas del 35-40%. De los cultivos agrícolas, la soja es la que tiene mayor requerimiento por tonelada de granos y a su vez, la que extrae mayor proporción en los granos. Por otro lado, es la tiene menor respuesta a la fertilización (para el fósforo el umbral crítico es de 10-12 ppm mientras que para trigo y maíz es de 16-18 ppm), por lo que muchos cultivos no se fertilizan, o se los fertiliza con dosis inferiores a las de reposición dado la necesidad de reducir costos y a la inexistencia de estímulos para el uso de fertilizantes.
El otro problema de los últimos años ha sido la aparición de malezas tolerantes y resistentes a herbicidas. Se generó por la reiteración del uso de los mismos principios activos (especialmente por el glifosato) y ocasiona pérdidas de rendimiento por competencia y encarecimiento de los costos de producción. Resulta de tal gravedad que en muchos casos se está volviendo a la labranza para controlar las malezas, alternativa que trae aparejado el problema de interrumpir el sistema de siembra directa continua y sus beneficios sobre el suelo. En este caso, además de falta de conocimientos técnicos que advirtieran el peligro del uso masivo de una única estrategia de control en base a glifosato, fue la monocultura que potenció el problema. La rotación de cultivos contribuye a interrumpir los ciclos de las distintas malezas y requiere el uso de herbicidas con distinto modo de acción que minimizan la predominancia de las malezas más difíciles de controlar.
A futuro la siembra directa será la base de una agricultura sustentable que permitirá alcanzar las metas de mayor producción de granos e incluso de leche y carnes. En la medida que se corrijan los problemas macroeconómicos se logrará una mayor diversificación que tenderá a la rotación más adecuada de cultivos, mayor utilización de fertilizantes para reponer los nutrientes extraídos y el control de malezas con alternancia de herbicidas con principios activos que eviten la aparición de especies con resistencia/tolerancia. Todo ello redundará en una reducción de los problemas que preocupan en estos días.
Por otro lado, se fortalecerá el sector industrial por la mayor demanda de insumos por el mercado interno y con posibilidades de exportación.
Más allá de las medidas políticas y económicas, será conveniente implementar un programa de evaluación y demostración de las mejores combinaciones de cultivos y prácticas de manejo para las condiciones agroecológicas de las principales regiones, que brinde información técnica y económica para sustentar la adopción y que sirva de apoyo a actividades de capacitación y difusión. Un aspecto muy importante es la inclusión en ese programa de buenas prácticas agrícolas BPA, dado que en el futuro serán requeridas por los mercados de productos agropecuarios y dará respuesta además, a las demandas que la sociedad realiza al sector agropecuario por el uso de los agroquímicos, de manera que no implique riesgos para la salud y el medio ambiente.